martes, 31 de julio de 2007
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Hoy la liturgia nos invita a reflexionar sobre nuestra vida actual. ¿Nuestra vida tiene valor o es vanidad? Si ponemos todos nuestros esfuerzos en las cosas del mundo, no tenemos seguridad. Solamente Dios puede darnos paz y tranquilidad. En la palabra de Dios se nos iluminará la fe sobre los auténticos valores para el cristiano. El pan de la vida está en Cristo; es él mismo. No esperemos multiplicaciones milagrosas de panes. Hay un proyecto de Dios que, si lo aceptamos, convertirá al mundo en una mesa de tierra de paz para todos. De pie para recibir la procesión mientras cantamos con alegría.


Primera lectura: Eclesiástico 1,2; 21-23 (Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad)



En el Eclesiastés se plantea con dureza el problema del vivir. Este mundo es la estación final del afán humano. ¿Qué saca el hombre de todo su fatigoso afán aquí bajo el sol? Hay valores más grandes. Miremos al cielo. Escuchemos este interesante relato.


Segunda lectura: Colosenses 3, 1-5.9-11 (Busquen los bienes de arriba, donde está Cristo)


San Pablo nos exhorta a morir al pecado y renacer a una vida nueva con Cristo y en Cristo. El cristiano es un ciudadano del cielo que comienza en la tierra, si se viven los valores del Evangelio. Escuchen atentos.


Tercera lectura: Lucas 12, 13-21 (Parábola del rico insensato)


El Evangelio de hoy, sigue el mismo tema: nuestra meta no puede ser solamente las cosas terrestres. Cristo no condena a los ricos, sino el mal uso que hacen de las riquezas. Ser rico para Dios exige abrir nuestros graneros a los demás. Este evangelio nos propone un antitipo: el del hombre, cuyo proyecto de vida es el de "amasar riquezas para sí" y no el de crear con gozo para los demás. De pie, por favor; entonemos el Aleluya, para que escuchemos la proclamación del Evangelio.


Oración Universal:


Por la Iglesia, para que siempre trabaje e impulse las cosas de Dios. Roguemos al Señor.


Por los gobiernos de las naciones, para que promuevan la justa repartición de los bienes en favor de los pobres, los necesitados y menos favorecidos. Roguemos al Señor.


Por los padres y madres de familias, para que aprecien y defiendan el valor cristiano de su familia ante las cosas del mundo. Roguemos al Señor.


Por los difuntos, especialmente los de nuestras comunidades y parroquia, para que pronto vean el rostro de Jesucristo en el paraíso. Roguemos al Señor.


Por nuestras comunidades, para que de entre ellas surjan las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Roguemos al Señor.


Por nosotros y nuestras intenciones (cada uno presente al Señor en silencio sus necesidades), para que luchemos por un mundo mejor, viviendo los valores evangélicos. Roguemos al Señor.


Exhortación Final


(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 554)



A la luz de tu palabra, Señor, te pedimos en este día



nos concedas asimilar la bienaventuranza de la pobreza efectiva



y de espíritu, para que no sucumbamos a la idolatría consumista.



Libéranos, Señor, de la sutil seducción del consumismo en boga



para que, libres de la tiranía monetaria del tener y gastar,



entendamos que nuestra vida no depende del cúmulo de bienes



que amontonemos, sino de las riquezas y dones de tu reino.



Queremos, Señor, compartir nuestra pan con los demás,


invirtiendo nuestros haberes, tiempo y cariño con los más pobres.


Así seremos ricos ante ti y alcanzaremos el secreto tesoro


de la felicidad evangélica: amar a Dios y a los hermanos.



Amén.

Tags: moniciones, litugia, misa, eucaristía, iglesia, jesus, pastor

Publicado por dvasquezmorales @ 8:16  | MONICIONES
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